
Mujer, demos luz a nuestro pasado
Tu cuerpo tiene mucho para decirte y uno de los retos a los que debe enfrentarse el ser humano es a los cambios en las pautas de crianza….
Mujer, no permitas que el llanto se quede atravesado por más tiempo en tu garganta ni que tu voz siga sumida en el silencio.
Venimos de memorias entrelazadas y tejidas por el dolor, y de la conmoción ancestral que quedó adherida a nuestra piel, a nuestros huesos y a todas las células de nuestro cuerpo y a cada una de estas. Todas estas memorias moldearon a cada una de las mujeres que nos precedieron, a nosotras y a las que vendrán. Estas vivencias no pueden quedar sumidas en el olvido: somos el resultado de una sociedad traumatizada, cuyo dolor ha sido negado, silenciado y perpetuado a través de los siglos.
Debemos saber que nuestros cuerpos tienen mucho que decirnos, y uno de los retos a los que debe enfrentarse el ser humano en estos años es la transformación de las pautas de crianza y educación que nos legó el sistema patriarcal, un sistema que ha negado nuestras necesidades más básicas de contacto y conexión; un sistema que dejó a la mujer relegada en un profundo sentimiento de soledad y aislamiento, que mordía y quemaba sus entrañas mientras negaba su instinto y su sabiduría ancestral.
Debemos saber también que el dolor no desaparece, que los traumas no duermen: permanecen despiertos, al acecho. Se proyectan hacia afuera; se abren camino y se deslizan de una generación a otra con extrema sutileza, sin apenas darnos cuenta, porque todo ello nos resulta conocido y familiar. La negación de lo vivido llevó a nuestra mente y a nuestro cuerpo a sumirse en el dolor y en el silencio.
Hoy en día, este legado nos pide darles luz a nuestras heridas y sanarlas, no para juzgarlas, sino para que puedan desvanecerse con la gloria y dicha de sentirnos dignas y merecedoras de todo lo que la vida pacientemente ha reservado para nosotras por derecho de nacimiento.
Dar espacio al dolor, a la culpa, al miedo y a la vergüenza en nuestros cuerpos nos abre una puerta hacia un mayor autoconocimiento y una mayor comprensión de nosotras, que nos conecta con la necesidad de sabernos vistas, amadas y respetadas. Si logramos llevar a cabo este trabajo personal y emocional, nuestras hijas y nietas nos lo agradecerán, porque no hay nada más liberador que el conocimiento de una misma; descubrir nuestro potencial es el mayor regalo que la existencia puede darnos.
Dar sentido a nuestra experiencia vital nos brinda la posibilidad de reivindicar nuestro poder femenino y nuestra valía personal. Es nuestra responsabilidad, junto con los hombres, crear un nuevo tejido social, que nos envuelva y nos arrope a todos por igual, un tejido social en el que nuestros hijos puedan mirarse a los ojos, sin miedo, sin rencor y con la esperanza de alcanzar la comprensión y entendimiento de que todos hemos sido víctimas de un mismo sistema.
Las generaciones de mujeres venideras no pueden (ni deben) cargar por más tiempo con el legado patriarcal que nos fue entregado. Deben saber de dónde vienen, sin tapujos ni secretos; con ello, les brindamos la posibilidad de mostrarse al mundo tal como son: mujeres creadoras y dadoras de vida.
Mujer, no permitas que el llanto quede atravesado por más tiempo en tu garganta ni que tu voz siga sumida en el silencio.
Mujer, conocedora de tu verdad, de tu cuerpo, de tus entrañas, de sabiduría ancestral, de naturaleza divina; mujer sensible, vulnerable, mujer creadora. Mujer que nutre y alimenta; mujer que ama y celebra la vida; mujer eterna, mujer valiente, despliega tus alas y respira tu libertad.
Ascensión Cortés Laso

Tu cuerpo tiene mucho para decirte y uno de los retos a los que debe enfrentarse el ser humano es a los cambios en las pautas de crianza….

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